Reportajes

La hora del Sáhara

“Estamos dispuestos a morir para defender nuestra tierra”.

Hace 34 años miles de saharauis se refugiaron en los campamentos de Tinduf, en el desierto argelino. Ahora se retoman las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, pero las posiciones parecen irreconciliables. Si  fracasan pueden ser las últimas: una nueva generación de saharauis ve en la vuelta a las armas la única salida.

El pasado 10 de abril, Brahim Husein, de 16 años, hacía el signo de la victoria mientras decenas de brazos le llevaban a una ambulancia. Acababa de perder su pierna derecha al pisar una mina antipersona. Participaba junto a otros saharauis y europeos en una manifestación frente al muro de alrededor de 2.700 kilómetros que Marruecos levantó en la década de los ‘80 para protegerse de las incursiones del Frente Polisario. El nuevo “muro de la vergüenza”, como lo califican los saharauis, mantiene hoy la separación entre este pueblo que vive dividido entre los territorios bajo control marroquí y los campos de refugiados.

Dajla, Smara, Aaiún y Auserd son los campamentos saharauis en el desierto argelino. Pero también son los nombres de las principales ciudades del Sáhara Occidental, la antigua colonia española que el régimen franquista dejó bajo control marroquí en 1975. La duplicidad de estos nombres refleja los 34 años de exilio saharaui. Según las distintas organizaciones, entre 130.000 y 200.000 personas viven en las jaimas y en las casas de adobe construidas en medio de la nada, con la mirada puesta en las tierras del Sáhara.

Huda, de 17 años, habla con firmeza, sin perder la sonrisa. “Todos queremos la independencia, por la guerra o por la vía política. Estamos juntos, hombres y mujeres, para el mismo objetivo”. En los campamentos de Tinduf es difícil encontrar a alguien que no suspire al responder que su sueño es vivir en un Sáhara independiente. Aunque la mayoría de la población sean niños y jóvenes que nunca han pisado los territorios controlados por Marruecos desde hace tres décadas. La lucha por “el regreso a nuestra tierra” se ha transmitido a la siguiente generación y está presente en la escuela, en las radios y en las conversaciones cotidianas. A esto también ha contribuido la fuerte cohesión social del pueblo saharaui y la dirección del Frente Polisario como único representante político.

Desde que en 1991 se firmara un alto el fuego entre Marruecos y el Polisario se han sucedido las resoluciones de la ONU y los intentos para organizar un referéndum de autodeterminación que permita a los saharauis decidir sobre su independencia. Pero los problemas para establecer el censo de votantes, y una “falta de voluntad real” de llevarlo a cabo según los representantes saharauis, y xxxxx según Marruecos han impedido que se celebre este referéndum.

En enero la ONU nombró a Christopher Ross nuevo Enviado Especial para este conflicto, queriendo dar otro nuevo impulso a las negociaciones. Sin embargo, parece difícil que Marruecos vaya más allá que de su propuesta de “autonomía”, que sólo cede algunas competencias pero manteniendo la soberanía sobre el territorio; y que el Frente Polisario acepte algo que no sea un referéndum que permita la plena independencia.

Este enfrentamiento parece un pulso entre la legalidad internacional, que a tenor de un sinfín de resoluciones de la ONU estaría del lado saharaui, y los intereses estratégicos de países como Estados Unidos, Francia y la propia España, que permiten que Marruecos retrase indefinidamente la celebración del referéndum. La riqueza del territorio en fosfatos, el banco de pesca saharaui, la arena que se exporta a Canarias o la posibilidad de explotar a corto plazo yacimientos de petróleo, hace que las potencias implicadas se lo piensen mucho antes de apoyar el camino hacia un Sáhara independiente.

Lih Beirut, Delegado del Frente Polisario en La Haya es más concreto en su acusación: el “chantaje marroquí” ha provocado que “España se pliegue a todas sus exigencias, sobre todo desde los atentados del 11-M”. Poner freno al terrorismo islamista, el control de las fronteras para evitar la inmigración y evitar poner en cuestión la soberanía de Ceuta y Melilla, serían las cartas que juega Marruecos en ese chantaje, según coinciden distintas voces del Polisario. El Presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Mohamed Abdelaziz es contundente: “España está jugando un papel fundamental para que la Unión Europea (UE) no tenga una política más clara respecto al Sáhara”. El reciente acuerdo por el que Marruecos pasa a disfrutar de los privilegios que le otorga su Estatuto Avanzado parece la mejor prueba de esa postura “tibia” por parte de la UE.

“Estamos hartos”

“Esto lo hacemos muchas veces, pero hoy por primera vez había manifestantes europeos y periodistas extranjeros para contarlo”, decía un joven al poco de la explosión de la mina que le arrancó la pierna a Brahim. Por esto se refería a expresar la rabia acumulada durante décadas, tener a tiro de piedra a los soldados marroquíes, arrancar la alambrada de espinas que precede el muro, y no hacer caso a los agentes del Polisario que intentaban retrasar la línea de la manifestación. Esto también significaba perder toda noción del peligro y que hombres y mujeres entraran en una zona que saben repleta de minas sin señalizar. La explosión sólo era cuestión de minutos, pero ya habían demostrado el riesgo que estaban dispuestos a asumir.

El presidente Abdelaziz lo reconoce. “Tenemos grandes dificultades y preocupaciones con los jóvenes, porque se ha creado una gran decepción y la juventud es quien más la refleja”. Uno de los rostros de este reflejo es Luchaa Sale, un joven que pertenece a la Brigada Sumud, una organización que además de crear programas de voluntariado es muy activa en sus protestas para reclamar la independencia. “Esperamos que la ONU haga algo, porque Marruecos sólo propone una autonomía que nosotros no queremos. Los jóvenes no vemos una salida. Estamos hartos.”

“No queremos que nos deis arroz, no queremos ayuda humanitaria, no queremos que nos mantengan nuestras vidas aquí”, explica otro joven de la Brigada Sumud. A los orgullosos saharauis les duele reconocer que sobreviven gracias a la cooperación internacional. Más sabiendo como saben que el territorio por el que luchan está rebosante de recursos naturales. “¿Sabes lo que nos encontramos cuando abrimos las cajas de ayuda humanitaria? Los restos del pescado enlatado que Europa nos roba de nuestras costas”.

La única salida que ven ya muchos de estos jóvenes es volver a las armas. Como hicieron sus padres. Toda una generación combatió durante años en el desierto, y eso contrasta con la pasividad obligada de la vida en un campo de refugiados. Se trataría de una guerra en la que los saharauis, en principio, tendrían poco que hacer frente al potente ejército marroquí. Pero la ilusión y la rabia les mueven a decir frases como “venceremos porque nosotros luchamos por nuestra patria”, “mejor morir que seguir en este sitio”, “tienen más tecnología, pero los jóvenes seremos bombas humanas”.

“Una intifada sin bombas”

Este sentir es el mismo de Khadija Moutik, activista por los derechos humanos en el Sáhara Occidental. “Nos están robando las riquezas. Ellos quieren el conflicto. Hay que volver a la lucha armada”, sentencia. Khadija ya se imagina cómo va a ser la guerra. “Habrá que oponerse en todos los lugares, luchar en todas las ciudades. No vamos a atacar a la población civil marroquí que viven con nosotros. Será una guerra contra los militares”.

A pesar de sus palabras, hasta ahora la lucha de Khadiya es pacífica. Desde el 2005 participa en la llamada “intifada sin bombas” que protagonizan los saharauis. Manifestaciones espontáneas convocadas con el móvil, pintadas que exigen la independencia, huelgas de hambre de los presos,  propaganda a través de internet.

Esta resistencia pacífica se produce tanto en el Sáhara Occidental como en los campamentos de Tinduf. Pero son los primeros los que se arriesgan a recibir una brutal represión por parte de la policía marroquí. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, y un informe del Parlamento Europeo relatan detenciones, encarcelamientos arbitrarios, torturas, interrogatorios y juicios por defender públicamente la independencia.

“Las cosas que cogen por la fuerza se dejan por la fuerza”, resume Khadiya, argumentando “lo inevitable” de la vuelta a las armas. Efectivamente, del resultado de la siguiente ronda de negociaciones puede depender que la intifada saharaui se mantenga como hasta ahora, sin bombas, sin recurrir a la violencia.

Por su parte, los dirigentes del Polisario entienden la frustración de los jóvenes y asumen que la situación en el Sáhara ocupado es insostenible. Pero son más prudentes: “siempre queda presente la alternativa de volver a las armas. Es la última y no la deseamos, pero no vamos a dejar de manera perpetua que nuestra patria, que nuestras casas, nuestra población, sigan sufriendo este colonialismo en una noche muy oscura”.

Al ver alejarse los campamentos de Tinduf, la única pregunta que ronda en el aire es hasta cuándo los saharauis optarán por esta resistencia pacífica, por mantener esa “intifada sin bombas”. Ante la pregunta ¿cómo te ves dentro de 5 años?, el joven Luchaa Sale no pestañea. “Muerto o libre”. Para cualquiera de las dos opciones ya ha comenzado la cuenta atrás.

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Acerca de Alberto Senante

Periodista es gente que le cuenta a la gente lo que le pasa a la gente. Con esa idea del reportero Eugenio Scalfaro trabajo. Y este es el resultado...

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