Reportajes

Francia, las expulsiones de gitanos continúan

Entrada al campamento de La Corneuve (A. S.)

Durante dos semanas de este verano, Europa discutió la medida del gobierno francés de expulsar a cientos de gitanos de sus campamentos. El Ejecutivo de Sarkozy defendió la “voluntariedad” de estos traslados. Medios de comunicación, políticos y organizaciones sociales denunciaron esta práctica y la calificaron de racista. Sin embargo, estas deportaciones no  eran una novedad en el país galo, y han continuado “al mismo ritmo” después de que los focos mediáticos ya no iluminen esta realidad.

“Un día pasa la policía y les entregan una orden de expulsión. Al día siguiente, pasan los mismos funcionarios acompañados por la policía y les ofrecen la posibilidad de un ‘retorno voluntario’. Por eso muchos aceptan irse”.  Así de sencillo lo explica Livia Otal, coordinadora del proyecto con gitanos de la ONG Médicos del Mundo en  Saint Denis. A pocos kilómetros de las maravillas de París, Livia describe el funcionamiento de las expulsiones de gitanos que  pudimos ver en las televisiones y portadas de periódicos el pasado verano.

“El 12 de Agosto, mucho miedo. La policía toc toc toc en puerta de caravana, decir que nos teníamos que marchar, con niños y todo”. Nadia, joven rumana, y su familia no aceptaron los 300 euros por adulto, y 150 por niño, que les ofrecían las autoridades francesas por volver a su país y huyeron a otro campamento. “Yo quiero vivir aquí, en Francia”, explica en el castellano que consiguió aprender en un año recogiendo fruta en España.

Pero los deseos de Nadia no parecen coincidir con los de Nicolás Sarkozy. En un discurso el pasado 30 de julio, el presidente de la República prometió la expulsión de aquellos que no respetaran las leyes francesas. Y una de ellas es la que obliga a los extranjeros a tener un trabajo legal a los 3 meses de residir en el país, algo imposible para la práctica totalidad de los migrantes gitanos.

A partir de ahí, las expulsiones de gitanos fueron retransmitidas casi en directo por televisiones y radios. La opinión pública quedó dividida. Tanto la oposición como múltiples organizaciones sociales no dudaron en calificar como “racista” la medida. Tras una airada polémica en el seno de las instituciones europeas, el presidente francés consiguió que la Comisión no expedientara a Francia por estas expulsiones “selectivas” de su territorio.

A pesar de la supuesta novedad de esta medida, desde Médicos del Mundo apuntan que las expulsiones “no son un fenómeno nuevo”. Su director de proyectos en Francia, Jean François Corty, recuerda que comenzaron en 2000. “Lo que hemos visto en los últimos 3 años es simplemente una aceleración”. Tras la publicidad de las expulsiones a partir de agosto de este año, el gobierno recibió numerosas protestas, por lo que las autoridades “las comunican mucho menos”.  Pero las deportaciones  continúan regularmente, “al mismo ritmo que este verano”, sostiene Corty.

El pasado octubre, el entonces ministro de Inmigración,  Eric Besson, cifró en 8.601 los gitanos que habían sido deportados del país durante 2010. La mayoría bajo la fórmula de “retornos voluntarios”, aunque reconoció que 1.154 de ellos fueron “expulsados a la fuerza”. El gobierno francés considera que esta medida, “firme pero humana”, puede ayudar a la reinserción de los gitanos en sus países de origen, y en ningún caso se debe al origen étnico de los deportados.

Para contradecir al gobierno francés, Corty remite a la página web del Ministerio de Inmigración. “Hablan de 10 mil expulsiones por año”, por lo que se trataría de “dos tercios” de  la población de gitanos migrantes que viven en este país. Según varias organizaciones sociales, es una proporción demasiado significativa para no ver un origen étnico en esta medida.

Timón  a la derecha

Para muchos en Francia, mostrar “mano dura” contra los gitanos, o los últimos cambios de ministros, son guiños del gobierno a la parte más conservadora de su electorado. Las elecciones presidenciales de 2012 se presentan muy reñidas, y Sarkozy teme que un resucitado Frente Nacional se convierta en una vía de escape de votos de su partido hacia la extrema derecha. Pero además de las consecuencias políticas, la publicidad de las expulsiones también afecta la vida de las miles de personas que viven en estas “mini favelas” europeas. “Los gitanos tienen ahora más miedo de ser vistos”, explica el portavoz de Médicos del Mundo. Por eso, “hacen campamentos más pequeños, más lejos entre sí, y son así más vulnerables porque les cuesta más ayudarse entre ellos”.

Corty habla de una “verdadera crisis sanitaria” que afecta a buena parte de esta población. Con estos viajes de ida y vuelta “se interrumpen los tratamientos médicos”, y es imposible mantener un calendario de vacunaciones.

“Vuelven a los 15 días”

Sin embargo, todo este dispositivo parece no alcanzar el objetivo de alejar a los gitanos de territorio francés. “Toman el dinero que les ofrecen si aceptan el retorno voluntario. Porque les conviene y la alternativa es la expulsión sin más. Pero a los 15 días les volvemos a ver en los mismos campamentos”. Quien habla es Juan Rodríguez. Hace 15 años este colombiano fundó la asociación Coup de main (Dar una mano) para acompañar a las personas en peor situación de la periferia de París.

Juan explica que “el gitano rumano es sedentario, no son nómadas”. Su meta final, nos dice, sería la de “mejorar su situación en Rumanía”. El actual director de Coup de main también insiste en que las deportaciones de gitanos de los campamentos “empezaron hace muchos años”. Para él, la principal violencia de esta práctica, además de la expulsión física, son las palas que destruyen las pertenencias que ha conseguido reunir una familia. “Después no se puede recuperar nada, y era todo lo que tenían”.

En la actualidad, Coup de main ofrece alojamiento a más de cien personas y da trabajo a 35 hombres que antes vivían en chabolas. Su meta, conseguir dinero con la venta de muebles para mantener los alojamientos que dispone esta asociación, y ayudar a los que siguen viviendo en los campamentos.  Florín es uno de esos trabajadores. Tras una intensa nevada, él y su grupo llenan un camión con madera de desecho que servirá para calentar varios campamentos durante algunos días.

Florín, cargando el camión de madera para llevar a los campamentos (A. S.)

Florín, 25 años, sonriente. Orgulloso de ser útil a los suyos, nos invita a pasar y tomar café en la casa de un familiar. El campamento que visitan está debajo de un puente, a pocos metros del estadio donde juega la selección francesa de fútbol. Viven unas 60 personas, están bien organizados: hay lonas para evitar que la nieve forme barro, la madera se reparte por igual en cada puerta. Las casas son un puzzle de materiales diferentes, enlazados con ingenio. Con alfombras recubriendo las paredes, y una pequeña chimenea donde se cocina, y que mantiene la habitación asombrosamente caliente. Serán unos 10 metros cuadrados, viven ocho personas. Entran y salen niños todo el tiempo. “Se ganan la vida con la chatarra, con la venta ambulante, como pueden”, nos explica Florín en un correcto francés. “Aquí están más contentos, en Rumanía no hay nada de trabajo y sólo tienen problemas”.

Florín y su mujer en el campamento de Sain Denis donde llevaron la madera (A. S.)

Los motivos de Nadia

El hombre de mirada azul que ven en la fotografía se llama Alexandru. Tiene poco más de 40 años y una gran decepción. Hace tres meses, llegó a Francia desde Rumanía para ofrecer algo mejor a toda su familia, incluidos sus dos nietos. Desde entonces se ha chocado contra un muro de leyes que le impide tener un trabajo legal. “Me vuelvo en enero”, dice en tono de confesión. No por miedo a las expulsiones, sino porque está convencido de que, en Francia, nunca podrá sacar a su familia de la chabola donde viven.

En otro campamento cercano, donde han conseguido sustituir las chabolas por caravanas, Nadia mira al futuro con más optimismo. No consigue otro trabajo más que vender chatarra, así que gana lo justo para sobrevivir. Los movimientos de gitanos por Europa suelen calificarse de “migraciones económicas”. Sin embargo, los motivos de Nadia para quedarse en una caravana a las afueras de París no tienen nada que ver con el dinero. ¿Por qué quieres vivir aquí? “En Francia, hija mía puede ir a la escuela”, responde convencida.

 

Reportaje publicado en Periodismo Humano.

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Acerca de Alberto Senante

Periodista es gente que le cuenta a la gente lo que le pasa a la gente. Con esa idea del reportero Eugenio Scalfaro trabajo. Y este es el resultado...

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